“La conquista de la felicidad”, 1930. Bertrand Russell

  Bertrand Russell no fue un científico social, sino un extraordinario matemático e historiador de la filosofía, y en muchos sentidos también fue un sabio de la Antigüedad trasplantado a la época de los medios de comunicación de masas, el cual acabó siendo galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Nacido un aristócrata del Imperio Británico pero comprometido con el socialismo y el pensamiento de vanguardia, su opinión era reclamada por muchos y él accedía fácilmente a pronunciarse. Era un hombre inquieto, valiente, extrovertido y, sobre todo, optimista. Como Einstein, H. G. Wells o George Bernard Shaw tenía cosas que decir acerca de la naturaleza y destino humanos. Y se atrevió a dar sus opiniones acerca de la felicidad, esa cosa tan simple y tan preciosa. Tales opiniones son muy representativas de las del pensamiento progresista de su época y también del de muchas personas de hoy.

Este libro no va dirigido a los eruditos ni a los que consideran que un problema práctico no es más que un tema de conversación. No encontrarán en las páginas que siguen ni filosofías profundas ni erudición profunda. Tan solo me he propuesto reunir algunos comentarios inspirados, confío yo, por el sentido común.

¿Qué puede hacer un hombre o una mujer, aquí y ahora, en medio de nuestra nostálgica sociedad, para alcanzar la felicidad? Al discutir este problema, limitaré mi atención a personas que no están sometidas a ninguna causa externa de sufrimiento extremo. Daré por supuesto que se cuenta con ingresos suficientes para asegurarse alojamiento y comida, y de salud suficiente para hacer posibles las actividades corporales normales.